FotoPortadaBlog2015

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Castillo de Neuschwanstein (Baviera, Alemania) - (*) No pude obtener una mejor por encontrarse en obras el puente "Marienbrücke".

domingo, 27 de septiembre de 2015

Día 4: 15-ago-2015

Arrancamos de nuevo temprano para poder aprovechar el día al completo, a las 8:00h pasaría a recogernos el autocar con el resto de compañeros que tuvieron que alojarse en otros hoteles.

Para hoy, la visita panorámica a la ciudad de Innsbruck con la guía local, primero en su parte más alejada que realizaríamos en vehículo y posteriormente, la parte del centro que se realizaría caminando.

Tras recogernos, nos dirigimos a las afueras de la ciudad, a la zona del trampolín del salto de ski más famoso del Tirol. Subimos en autocar hasta un parquecillo cercano en la colina de Bergisel, desde donde se tenía una vista clara del mismo y por el que dimos un pequeño paseo junto a la guía local. En la zona una casita típica del Tirol, antigua taberna para quitarse el frío, y un mirador desde donde se divisaban unas magníficas vistas de toda la ciudad y de las montañas alpinas.

Antigua taberna
Salto de Ski de Bergisel
Vista Panorámica de Innsbruck desde la Colina Bergisel

Tras este pequeño inciso volvimos a la ciudad siguiendo nuestros anteriores pasos, no sin antes parar y visitar la “Basilika Wilten” o Basílica de Wilten, una pequeña iglesia de peregrinación considerada como uno de los templos religiosos más hermosos del Tirol.


Basílica de Wilten
Interior de la Basílica de Wilten
Frente a ésta, la hermosa Abadía-Monasterio de mismo nombre, la “Stift Wilten”, de color rosado.

Monasterio wilten

Tras retomar el camino a la ciudad, pasamos por la Casa de las Campañas, muy famosa en Innsbruck y, desde el autocar, pudimos ver en su patio modelos de campañas de todo tipo y tamaños.

Una vez en la ciudad, siguiendo el itinerario turístico en autocar, pasamos por algunos de los monumentos más emblemáticos que posteriormente visitaríamos a pie por nuestra cuenta, el arco de triunfo, el palacio de congresos, la estación del funicular, etc… nos detuvimos en la ribera del rio para apearnos y realizar la visita a pie del casco antiguo.

En este momento arrancaba la visita panorámica que nos ofrecía la guía local, pero como tenía preparado mi propio itinerario, decidimos separarnos del grupo y patear Innsbruck más tranquilamente por nuestra cuenta.

Empezamos nuestro pequeño paseo por el “Triumphpforte” o Arco del Triunfo, situado al final de la calle peatonal Maria-Theresien Strasse. Fue construido bajo el mandato de María Theresia, después del enlace matrimonial de su hijo Leopoldo con la princesa española María Ludovica. El relieve de mármol de Balthasar Moll que adorna el arco data de 1774 y recuerda este feliz acontecimiento en la cara sur del arco, mientras que el relieve de la cara norte conmemora la muerte del padre de María Theresia, el emperador Franz I, quien falleció durante la celebración del enlace.

Cara dedicada a la Muerte
Cara dedicada al feliz enlace matrimonial

Desde el arco, tomamos a la derecha la calle “Salurner StraBe” hasta llegar a una bonita y moderna plaza, la “Landhausplatz” o Plaza de la Casa del Gobierno, totalmente remodelada, en medio de la cual se alza un enorme monumento a la libertad y tras él, el sobrio edificio de la nueva Sede de la Junta Regional (Neu Landhaus). Hicimos una breve parada en ella, bebimos agua fresca de sus fuentes y algún que otro disparo de cámara para inmortalizar el momento.

Monumento a la Libertad
Edificio de la Nueva Junta de Gobierno

Al acercarnos al edificio, tomamos un callejón que salía a la izquierda que nos llevó de nuevo a la calle principal, la María-Theresien Strasse, y nos topamos de frente con la “Servitenkirche (Sankt Joset)” o Iglesia de los Siervos de San José, que después de varias reconstrucciones hechas a lo largo de los siglos, poco tiene ya de la antigua gloria que fue como iglesia y monasterio, la primera al norte de los Alpes consagrada a San José.


Servitenkirche

Justo enfrente de la misma, el imponente edificio barroco “Altes Landhaus” o Antigua Sede de la Junta Regional, construido en 1725 por Georg Antón Gumpp. La escalera de honor, situada entre el primer y el segundo piso, cubierta de estucos, está acompañada por estatuas y bustos antiguos. En el techo, el águila del Tirol, sujeta entre sus garras el mapa de la región. En la sala de junta del gobierno regional hay magníficos frescos de Cosmas Damián Asam (1734) representando escenas del Antiguo Testamento. Una pena que no se pueda visitar en la actualidad.

“FOTO EDIFICIO”

Continuamos calle arriba, camino al casco histórico de la ciudad, por la peatonal María-Theresien Strasse, y fuimos viendo los distintos puntos de interés de la ciudad.

Primero pasamos por la “Annasaüle” o Columna de Santa Ana, una columna de mármol rojo y estilo corintio que fue erigida para conmemorar la liberación de la ciudad el 26 de julio de 1703, el día de Santa Ana, ocupada hasta esa fecha por los ejércitos invasores de Baviera durante la Guerra de Sucesión Española. Incluso hoy en día, los sábados por la noche, se enciende una linterna en la parte superior, recordando una promesa de gratitud con más de 300 años de antigüedad.

Columna de Santa Ana

Llegamos también a la “Spitalskirche” o Iglesia del Hospital, esta iglesia de estilo barroco es uno de los edificios más coloridos de la calle María-Theresien Strasse, fue construida en el siglo XVIII por Johann Martin Gumpp, sobre los restos del antiguo hospital de la ciudad que databa del siglo VIV y se integra perfectamente en el pintoresco y colorido entorno.

Spitalskirche

Pese a ser temprano, la zona se encontraba bastante animada de gente desayunando al sol en las terrazas de sus cafés.

Antes de cruzar la ancha y ajetreada “Burggraben”, por donde pasan todos los medios de transporte (autobuses, taxis,…) y donde se encuentra la Oficina de Turismo de Innsbruck, en la cual puedes obtener mapas e información actual de la ciudad, ya podíamos ver a lo lejos el Tejadillo Dorado.

Oficina de Turismo de Innsbruck

En esta parte de la ciudad, mucho más bullicio, más turistas y algún que otro artista callejero, una orquesta de tiroleses nos amenizaba el paseo por la zona con su música.

En esta parte de la ciudad encontramos las atracciones más turísticas:

-       “Stadtturm” o Torre de la Ciudad: La torre del antiguo Ayuntamiento, realza con sus bulbos y atalayas la pintoresca Herzog-Friedrich-Strasse. Cuadrada y medieval en la base, termina en un octógono renacentista y una cúpula provista de una linterna. Desde la primera plataforma, el bonito panorama permite descubrir los tejados de la ciudad antigua, sobre el telón de fondo de las montañas.

Torre de la Ciudad

-       “Goldenes Dachl” o Tejadillo de Oro: Es el símbolo de la ciudad, del gótico tardío. Se encuentra en la fachada principal de la antigua residencia real. El Emperador Maximiliano I mandó construir en 1494 este mirador suntuoso en la antigua residencia del archiduque Friedrich IV, con ocasión de su enlace matrimonial con su segunda esposa Blanca Maria Sforza de Milán. Adornado con 2.657 tejas de cobre, doradas al fuego. Se usaba como palco de corte durante los torneos, juegos y festividades que tenían lugar en la plaza mayor. “Aprovecha cada momento y no te pierdas ni un baile, al más allá no te podrás llevar nada”, este es el dicho que se cuenta que figuraba en el relieve del famoso Tejadillo de Oro aunque se trata sólo de una suposición porque su famosa inscripción todavía no ha podido ser descifrada con certeza.

Tejadillo Dorado

-      “Helblinghaus” o Edificio Helbling: Es una construcción del gótico tardío pero en el siglo XVIII, Antón Gigl la revistió con un estucado rococó. Marcos de ventanas y frontón curvado, fueron realizados con mucha audacia. Las ventanas en saledizo, que forman un saliente hacia la calle, son una disposición frecuente tanto aquí como en el sur de Alemania y sirven para captar mejor la escasa cantidad de luz solar de las calles estrechas de las viejas ciudades.

Helblinghaus

Tras la típica parada para hacer las fotos de rigor a estos atractivos de la ciudad, tomamos la calle que sale por la derecha del Tejadillo de Oro y que nos lleva hasta la “Jakobsdom” o Catedral de Santiago, la cual figura entre las más destacadas obras eclesiásticas del barroco. Se construyó entre 1717 y 1724 encima de los restos de una iglesia gótica, con una imponente cúpula y nueve altares. Su mayor tesoro, el famoso cuadro "María Auxiliadora", obra del pintor Lucas Cranach el viejo, que adorna el altar mayor en su interior.


No pudimos acceder a ella porque había un acto privado, probablemente una boda o alguna misa privada, y no se podía entrar hasta las 12:30h, hora a la que habíamos quedado para emprender la marcha al Lago Achensee, en el que pasaríamos la tarde, por lo que continuamos nuestro paseo sin visitarla.

Justo el lateral derecho de la Catedral, te lleva a un pasadizo por el cual atravesando un par de arcos sales a la calle principal del Palacio Imperial de Innsbruck donde nos dirigíamos. Cuando íbamos acercándonos al mismo, comenzamos a oír música típica de la zona y salimos pitando a ver de que se trataba, era un desfile por la Fiesta Nacional de la Ciudad (15-ago) que afortunadamente tuvimos la oportunidad de ver porque cuanto menos, era curioso. Todos los habitantes de Innsbruck iban ataviados con sus trajes tiroleses de gala.

Pasadizos del Palacio Imperial
Desfile por la fiesta Nacional a las puertas de la Hofkirche
Alineación de las topas frente al Palacio Imperial 
Residentes vestidos con sus trajes de gala

Justo cuando estábamos haciendo fotos y grabando este momento tan conmemorativo, arrancó a llover y tuvimos que meternos a tomar algo en una terraza al lado del Teatro Nacional de la ciudad y enfrente de Palacio.

El “Landestheater” o Teatro Regional de Innsbruck, es un bonito templo neoclásico en el que se representan óperas, operetas y comedias.

Teatro Regional de Innsbruck

Enfrente, el Hofburg, un edificio blanco impoluto, señorial y que actualmente según nos contaron, se encuentra alquilado a personas que no son de la realeza porque cuando los reyes se quedaron sin dinero lo tuvieron que alquilar y aún así.

El “Kaiserliche Hofburg” o Palacio Imperial de Innsbruck, fue sede de emperadores austriacos y soberanos tiroleses. Fue construido en 1460 por el archiduque “Siegmund der Münzreiche” o Segismundo el Rico, conde de Tirol, su sucesor, el Emperador Maximiliano I, lo amplió de forma sustancial para su esposa y mas tarde, en 1754, la Emperatriz María Teresa lo mandó restaurar de los incendios y terremotos sufridos,  recibiendo su actual estilo barroco tardío.
Los visitantes pueden ver todavía las suntuosas salas del Palacio Imperial: la “Riesensaal” o Sala de los Gigantes, los retratos de la emperatriz, su esposo e hijos, los aposentos imperiales, la capilla, etc. El “Hofgarten” o Jardín Imperial, que se encuentra casi enfrente, formaba también parte de las instalaciones del Palacio.

Hofburg, Palacio Imperial de Innsbruck

Adyacente al Palacio, se encuentra la discreta “Hofkirche” o Iglesia de la Corte, que acoge uno de los monumentos artísticos mas importantes del Tirol, el Mausoleo del Emperador Maximiliano I (Grabmal Kaiser Maximilians I), con los 28 “hombres negros”, 28 estatuas de bronce que representan la obra más importante del arte escultural del renacimiento germánico. Finalmente el emperador no puso ser enterrado aquí.

Parte trasera de la Hofkirche

Tras el refrigerio y ya sin lluvia, continuamos dando un pequeños paseo por esta calle alejándonos del centro, con los Jardines Imperiales todo el rato a nuestra derecha.
Pasamos la estación del famoso tren cremallera o funicular de Innsbruck, bastante moderna por cierto que desentonaba un poco con el ambiente tan característico de la ciudad de Innsbruck.

Estación del Tren Cremallera/Funicular de Innsbruck

Finalmente, atravesando un pequeño parquecillo, llegamos a los pies del puente “Emile-Béthouart-Steg” que cruza el Rio Inn con su estilo antiguo y sus barandas de hierro verde.

Puente Emile-Béthouart-Steg
Desde el inicio del puente hasta llegar a la orilla izquierda, pudimos ir viendo a nuestra derecha como bajaban y subían los trenes cremallera o funiculares a la montaña, excursión que debe ser una experiencia inolvidable pero que, dado el poco tiempo en la ciudad, no pudimos realizar. A nuestra izquierda, contemplamos una estrecha hilera de casas de colores le daba un aire especial a esta parte de la ciudad.

Vista de las vias del tren cremallera

Una vez atravesado, nos encontrábamos en el barrio de San Nicolás, cuyo nombre recibe por su famosa Iglesia dedicada a este santo a pies de las montañas.
La Iglesia neogótica de San Nicolás, sirvió de sustituta de la Catedral de Santiago después de la Segunda Guerra Mundial en la que ésta ultima quedo seriamente dañada.

Iglesia de San Nicolás
Interior de la Iglesia de San Nicolás

Volvimos al centro de la ciudad por la ribera izquierda del rio, caminando por un pequeño parque a lo largo de la calle “Inn-Alle”, desde donde contemplábamos siempre las torres de la Catedral y los restos de las murallas incrustadas en las casas construidas a orillas del Inn.

Panorámica del casco antiguo de Innsbruck desde el Barrio San Nicolás
Finalmente, y con poco tiempo libre ya, llegamos al puente principal de la ciudad, el “Innbrücke”, éste mucho más grande que el anterior y con tráfico abierto a los vehículos, que nos llevaría de nuevo al casco antiguo de la ciudad para realizar las últimas compras antes de marcharnos.


Tras las típicas fotos desde el puente con las montañas de fondo, nos dirigimos al centro, pasando primero por el antiguo Palacio Ottoburg, hoy día convertido en uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad. Las persianas rojas de las pequeñas ventanas dan un poco de color a su fachada gris. Hay partes del muro que sobresalen hacia la calle en diversos ángulos. Por dentro es aún más impresionante, con salones antiguos y un elegante comedor. Se construyó a finales del siglo XV como parte del palacio de Innsbruck. Muchos historiadores afirman que es el edificio más antiguo que se conserva en la ciudad, pero no han podido demostrarlo.

Restaurante Ottoburg

Una vez en el casco antiguo, hicimos las últimas compras, pan para comer, postales, libro de la ciudad, lápiz, y a la hora prevista, 12:30h, pusimos rumbo al pueblo de Jenbach para coger el tren de vapor que nos llevaría al fantástico lago donde pasaríamos aquella magnifica tarde.

Tras media hora de un corto viaje de unos 35Km aproximadamente, llegamos al pueblo de Jenbach, donde se encuentra la estación del tren nostálgico AcheenseeBahn, el tren cremallera de vapor más famoso del Tirol y más antiguo de Europa. Construido hace más de 125 años, todavía es testigo auténtico de la época de los trenes de vapor, ya que lleva en funcionamiento desde 1889.

Estación del AchenseeBahn

Sus locomotoras, creo recordar que nos comentaron que quedan 3 o 4 en la actualidad, datan de 1889 y realizan un lento recorrido a una velocidad de 8-10 km/h ofreciendo unas magnificas vistas del valle y sus montañas. Resonando y silbando, recorren los 6,78Km que separan Jenbach de Seespitz, a orillas del cristalino lago situado a 930m de altura. Un romántico viaje, en el que te trasladas al pasado.




Ruta del Tren de Vapor Achenseebahn

Yo disfruté del trayecto como una niña, echando fotos a ambos lados y grabando en video esta inolvidable experiencia. Tras 50 min. de trayecto y tres pequeñas paradas en algunos pueblos de montaña para recoger viajeros, una zona de belleza indescriptible se abría ante nuestros ojos, el Lago Achensee, el más importante del Tirol austriaco.

Vistas del valle desde el tren de vapor

Acercándonos al Lago Achensee
Nos apeamos en la última parada donde nos recogió el autocar para llevarnos a la zona más turística del lago, donde poder comer y pasar un buen rato antes de realizar el crucero en barco por el lago que nos incluía la excursión.

Después de comer dimos un breve paseo a orillas del lago, disfrutando de las vistas que te ofrecía y haciendo un sinfín de bonitas instantáneas que guardaremos de recuerdo para siempre, fue entonces cuando de repente el cielo, en un abrir y cerrar de ojos, cambio de color de azul a negro y empezó a caer una tormenta impresionante.




Nuestra hora para tomar el crucero eran las 16:15h por lo que tuvimos que refugiarnos como pudimos en los tejadillos de las casetas de maderas que había en los muelles. Finalmente, a la hora prevista y pasados por agua, subimos al barco que nos llevaría a la otra parte del lago.

En el barco dos opciones: tomar asiento en la zona cubierta acristalada de la planta baja, con wifi, cafetería, baños, etc… o salir al exterior, a cualquier de las dos plantas, con el aire dándote en la cara y disfrutando de las maravillosas vistas que el paisaje te ofrece. Yo, en principio, opté por la segunda pero como la lluvia y el aire no cesaban y las cámaras iban ya un poco mojadas, me puse a cubierto un poco cabreada por la situación.

Paseo en barco por el Achensee
Durante la media hora aproximada de trayecto, a ratos cuando la lluvia daba un poco de tregua, salía a hacer unas cuantas fotos y a disfrutar un poco al aire libre. Entonces, como por arte de magia, cuando estábamos llegando casi al final, el cielo volvió a cambiar de repente, las nubes desaparecieron y de un negro cerrado pasó a un azul esplendido soleado y fue entonces cuando más disfrute de nuestro paseo en el barco por el lago.

Nos bajamos del barco en nuestra parada, donde nos esperaban las guías. En este otro lado disfrutamos de un rato libre para tomar café, pasear, disfrutar de este bonito lugar o, otros como yo, meter los pies en las cristalinas aguas del lago!!.


Embarcadero-parada del barco

Paseo por el Lago Achensee
Probando el agua del Achensee!
Casa típica de las montañas tirolesas

Con una calma y relajación alucinantes, volvimos al autocar para inicar la vuelta a Innsbruck donde pasaríamos la ultima noche antes de emprender el viaje a la bella Salzburgo.

A nuestra llegada a Innsbrcuk, nos dejaron en el centro histórico por petición nuestra, ya que era la última noche aquí y había una feria gastronómica que teníamos ganas de visitar. En la feria todo tipo de comida, pero nos llamó la atención un puesto de salchichas típicas de muchos tipos y nos paramos a cenar allí, también degustamos una patata enrollada empanada por alguna mezcla que hacen ellos y, como no, ríos de cerveza jejeje J.

Feria Gastronómica de Innsbruck

Buscando algún garito para tomar una copichuela, subimos a la terraza 360º desde donde se tiene una vista completa de la ciudad pero, al ser de noche, no se veía gran cosa por la pobre iluminación de la ciudad. Finalmente terminamos en una terracita muy cuqui, enfrente del tejadillo dorado.